Sobre Adela
Sobre Adela
Desde niña, el arte me permitió expresarme cuando las palabras no eran suficientes, me dio la valentía de mostrar mis emociones y la fuerza para enfrentar las críticas.
Estudié arteterapia porque necesitaba entender el puente que tantas veces había cruzado sin saberlo: ese instante en que el barro, el color o una forma nos hacen llorar, reír, recordar. Ese momento en que, sin darnos cuenta, algo dentro de nosotros se acomoda.
Por arte de magia nació como un espacio íntimo y natural para compartir ese camino. Después de años creando cerámica, pintando macetas y desarrollando objetos únicos (a través de mi proyecto La Pintora de macetas), sentí el llamado de volver al origen: al arte como sanación. No como resultado, sino como proceso.
Aquí, en las faldas del volcán Ilaló, rodeada de naturaleza viva, decidí abrir un círculo: uno que se sostiene con barro, pintura, fuego y silencio. Uno donde cada persona puede encontrarse a sí misma, sin exigencias ni juicios.
Mi enfoque combina el arte como lenguaje simbólico, la meditación como presencia amorosa, y el grupo como espacio seguro donde sanar acompañados. Creo profundamente que el arte no sana porque sea “bello”, sino porque nos permite mirar adentro con ternura, sin máscaras.
Desde niña, el arte me permitió expresarme cuando las palabras no eran suficientes, me dio la valentía de mostrar mis emociones y la fuerza para enfrentar las críticas.
Estudié arteterapia porque necesitaba entender el puente que tantas veces había cruzado sin saberlo: ese instante en que el barro, el color o una forma nos hacen llorar, reír, recordar. Ese momento en que, sin darnos cuenta, algo dentro de nosotros se acomoda.
Por arte de magia nació como un espacio íntimo y natural para compartir ese camino. Después de años creando cerámica, pintando macetas y desarrollando objetos únicos (a través de mi proyecto La Pintora de macetas), sentí el llamado de volver al origen: al arte como sanación. No como resultado, sino como proceso.
Aquí, en las faldas del volcán Ilaló, rodeada de naturaleza viva, decidí abrir un círculo: uno que se sostiene con barro, pintura, fuego y silencio. Uno donde cada persona puede encontrarse a sí misma, sin exigencias ni juicios.
Mi enfoque combina el arte como lenguaje simbólico, la meditación como presencia amorosa, y el grupo como espacio seguro donde sanar acompañados. Creo profundamente que el arte no sana porque sea “bello”, sino porque nos permite mirar adentro con ternura, sin máscaras.


